Que es el camino d´Aureba
Un camino que nace en el mar y se camina hacia dentro
Donde empieza el Camino
El Camino d’Aureba comienza en Oliva, tierra de mar, huerta y memoria peregrina.
Comienza en su playa, donde el Mediterráneo se abre infinito y el peregrino da el primer paso con los pies aún húmedos de sal.
No es un inicio casual.
Es un gesto consciente.
Aquí el camino no arranca en una puerta ni en un templo, sino en el origen: el agua, la luz, el horizonte. Desde este punto, el peregrino deja atrás el ruido y se adentra en el silencio del paso lento.
Desde la Playa de Oliva, el sendero se acerca a la Font Salada, manantial ancestral donde el agua brota como lo ha hecho siempre, y continúa por el Parque Natural de la Marjal, entre acequias, arrozales y caminos heredados. Es un tramo de calma y adaptación, donde el cuerpo encuentra su ritmo y la mente empieza a soltarse.
Oliva no es solo el punto de salida.
Es la esencia del Camino d’Aureba:
un camino que une naturaleza, pueblos y personas,
un camino que no esquiva el territorio, lo abraza.
La Vall de Gallinera: caminar entre pueblos vivos
Tras alcanzar Adsubia, el Camino d’Aureba entra en uno de los espacios más auténticos del interior valenciano: la Vall de Gallinera.
Aquí el camino se vuelve íntimo.
Benirrama, Benialí, Benissivà, Benitaia, La Carroja, Alpatró… pueblos pequeños en tamaño, inmensos en historia. Calles de piedra, fuentes antiguas, bancales de cultivo y miradores abiertos al tiempo.
El peregrino no pasa por la Vall de Gallinera.
Se queda en ella.
Camina despacio, escucha, comparte.
En este tramo el Camino d’Aureba no bordea los pueblos: entra en ellos, los respeta y los hace parte esencial del viaje.
Del interior a la montaña
Desde Planes, el recorrido continúa enlazando tierras y gentes:
Almudaina, Benimarfull, Muro de Alcoy.
El paisaje empieza a cambiar.
La montaña se aproxima, el aire se vuelve más limpio y el esfuerzo encuentra sentido. Cada paso prepara al peregrino para uno de los grandes regalos del camino: la Sierra de Mariola.
En Alfafara y Banyeres de Mariola, el Camino d’Aureba alcanza una de sus etapas más profundas. Bosques, fuentes y sendas antiguas acompañan al caminante en un tramo que no se recorre solo con las piernas, sino con la conciencia despierta.
Aquí el camino enseña a mirar.
Hacia Caudete, donde el camino continúa
Más adelante, Beneixama, el Campo de Mirra y Cañada acompañan al peregrino hasta Caudete, punto clave donde el Camino d’Aureba enlaza con el Camino del Sureste.
Aquí no termina el viaje.
Aquí se abre.
Desde Caudete, el camino continúa hacia Santiago, llevando consigo la huella del Mediterráneo y el recuerdo de cada pueblo atravesado.
Las 5 etapas oficiales del Camino d’Aureba
El Camino d’Aureba está diseñado para recorrerse en cinco etapas oficiales, pensadas para caminar con sentido y sin prisa:
Playa de Oliva – Adsubia
Adsubia – Planes
Planes – Alfafara
Alfafara – Beneixama
Beneixama – Caudete, enlace con el Camino del Sureste
Cinco días.
Cinco paisajes.
Un mismo camino interior.
El origen del Camino d’Aureba
El Camino d’Aureba es un sueño hecho realidad.
Un sueño nacido del caminar y del amor profundo por el Camino de Santiago.
Eric Escrivá, peregrino y guía con más de veinte años de experiencia, ha recorrido y acompañado cientos de Peregrinos. De esa experiencia nace una pregunta sencilla y poderosa:
¿Y si el Camino empezara en casa?
¿Y si el peregrinaje comenzara en el Mediterráneo, uniendo mar, montaña y pueblos olvidados, respetando el territorio y devolviendo al camino su esencia original?
El Camino d’Aureba no fue diseñado para acortar distancias, sino para dar sentido a cada paso. Ha sido caminado, pensado, corregido y soñado antes de ser marcado. Cada tramo responde a una idea clara: crear un camino humano, auténtico y honesto.
No es un producto.
Es una herencia compartida.
Un camino que no se camina deprisa
En el Camino d’Aureba, el peregrino no avanza… despierta.
Despierta al paisaje, a la historia y a sí mismo.
Y cuando llega a Villena y continúa hacia Santiago, comprende que el verdadero comienzo quedó atrás, en la playa, donde el mar le enseñó a caminar.
